Tren de ida
jueves, 19 de abril de 2012
Saudade...
Tiempo para recordar las personas importantes, tiempo para olvidar definitivamente a otras personas.
La mera ilusión de aferrarse al pasado, de considerar importante a quienes en algún momento se cruzaron en nuestro camino, de recordar abrazos y besos de amores pasados, de recordar las amables palabras de quienes estaban cercanos y se fueron, solo nos puede sumir en la inconformidad y la nostalgia si es que no han trascendido hasta hoy. Sí, porque al final el sufrimiento que no nos permite despojarnos de todo aquello que nos hace mal, que nos enferma y empeora, solo nos mata. Por ahí dice el dicho, en sentido contrario, que "lo que no te mata, te hace fuerte".
Asumir el hombre y dejar el adolescente implica, entre otras cosas, abandonar cosas para adoptar otras. Aprender esto lleva días, meses y años, pero es un proceso glorioso teñido de la sobria cotidianidad. Dejar el afecto y cariño casual, abandonar las quimeras e ilusiones juveniles por los sueños duraderos para toda la vida es una evidencia de como nuestro carácter se forma, se desarrolla y se consolida.
Confieso que a veces, hay días que me dan ganas de huir de mi propia vida, como quien abandona la calle bajo la lluvia subiendo a un bus, tomar asiento dentro de este y mirar por el vidrio como los demás se mojan, como la vida pasa, con el confort de ver las cosas sin ser afectado por ellas. Pero ahora entiendo que tal actitud solo frena el proceso de la transformación, día a día.
Desde la calle se puede caminar, respirar, sentir la lluvia, y es estando ahí donde la vida se disfruta verdaderamente (no en el sentido hedonista, sino en una mirada desde la experiencia vivida).
Señor... si es necesario caminar, dame fuerzas y voluntad para hacerlo. Si es necesario avanzar bajo la lluvia, quita de mi la indiferencia y permíteme disfrutar de las cosas pequeñas, de poder respirar el aroma de la tierra y el cesped mojado, de ver como la ciudad se tiñe de otras tonalidades con el agua, como dándole un toque sombrío pero acogedor.
Si es necesario negar mi voluntad para vivir en esta tierra y poder vivir en tu voluntad, cambiame desde adentro hacia afuera, día a día, minuto a minuto, segundo a segundo. Has tú lo mejor de mi, pero no en mi opinión, sino bajo tu definición de mejor.
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el perdón de Dios difiere del nuestro
"El amor puede tolerar y el amor puede perdonar... pero jamás puede conciliarse con tu pecado, porque el pecado en sí es incapaz de sufrir alteración; pero Él sí puede conciliarse con tu persona, porque puede ser sanada."
Thomas Traherne, "Centuries of Meditations"
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domingo, 8 de abril de 2012
¡Se hace necesario resucitar!
En estas fechas tan significativas me pasan muchas cosas. La sensación de estar expuesto a contrastes tan fuertes, como apreciar el gran milagro de Cristo triunfando en una cruz, y a la vez la cruda realidad de un mundo decaído sin esta misma luz y esperanza.
No quiero por ahora referirme a países en conflicto bélico, a naciones sumidas en la crisis económica, ni tampoco a los pueblos donde sus mujeres y niños desfallecen de hambre. No, no es necesario ir tan lejos para darse cuenta de lo oscuro y tóxico que ya esta aquí.
¡Sí, aquí! donde vivimos el día a día, donde están nuestros seres queridos y también las personas que vemos a diario. Todo esta inmerso en un clima hostil, toda acción es motivada por la envidia, odio y rencor, el egoísmo y la indiferencia. Todo se hace vano bajo nuestro sol y pareciese que no tiene el mayor sentido.
Ante este cuadro vale hacer una pausa y cuestionar.
¿Cuando, cómo y por qué llegamos a estas circunstancias??
Algunos hablan de que la gente está muy mala hoy en día, pero lo mismo podrían decir las personas hace diez, cincuenta, cien o mil años atrás. La gente y la maldad han sido una constante a través de todas las épocas de la tierra.
Como llegamos a esto, se podría decir que el egoísmo y los defectos propios de los hijos de Adán y las hijas de Eva provocan que sus actos, al buscar su propio bien, dañen a sus semejantes.
Se hace complejo comprender una razón particular para justificar o intentar explicar tal descalabro de nuestra sociedad, pero de lo que podemos estar seguros tiene que ver con no asignarle el valor correspondiente a cada cual.
Se dice que el primer paso del hombre en su evolución fue darse cuenta de que era una persona independiente de su entorno y de otros objetos, pero es una mirada miope, ya que mas bien es una involución al no considerarse a si mismo con respecto a Dios, su creador.
Tantas cosas que vienen en nuestro ADN, en nuestro entorno familiar, nuestra educación, y casi todas las cosas en general que en forma silenciosa nos hacen bajar la vista y solo centrarnos en nosotros mismos, no ver mas allá de nuestro ombligo. Tan ciegos como para no ver lo perdido que se haya nuestro mundo; nuestra sociedad esta profundamente enferma, tratando de acomodar las cosas a su conveniencia ofreciendo relativismo como una solución de problemas que tienen raíces absolutas y profundas.
Frente a todo esto era necesario que Dios mismo se hiciera cargo, que sobre los hombros de Cristo pusiera el peso del pecado de la humanidad, encarnando el precio del castigo por el cual hoy podemos disfrutar de perdón y libertad. Así, asumiendo la culpa ajena, se hizo merecedor de un nombre más alto que todos los reyes y príncipes de la tierra, y estableció su Reino eterno a nuestras vidas, un Reino sin fin, que no se limita ni a territorio ni a nuestros defectos y debilidades.
En esta fecha tan especial es bueno reflexionar, sacar cuentas y en realidad, considerar como se encuentra nuestra vida delante de Dios, si es que hay un abismo del tamaño del universo que nos separe de Él o si es que nos acogimos a su redención, haciéndonos libres de nuestra iniquidad y dándonos una nueva vida. Una vida libre, sin las cadenas propias de nuestro yo, y fundada en el amor, lealtad y plena fe en Él.
"Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios" 2º Corintios 5. 18-20
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martes, 10 de enero de 2012
Punto de vista
Se hallaba cansado, harto de las cosas que le pasan.... camina por Av. Colón sin saber para donde... calor, el calor cada vez se hace más intenso... gente de allá para acá, y aún no sabe para donde ir... el calor comienza a aumentar y cada vez se le hace más insoportable...
Al llegar a Las Heras con Colón se toma una pausa, de repente y sin saber por qué mira su entorno, cuando voltea, mira una calle como sigue ascendente hacia el sur, ve el cerro empinado, que en su base se halla blindado de variadas casas y pequeños callejones. Al ver esa escena decide subir, caminar... seguir subiendo, cada pasaje, cada calle obliga a virar a derecha, izquierda, calle sin salida, devolverse y tomar otro pasaje, seguir avanzando... unos pasos más adelante se ve un escala. Subir, subir y llegar al final de la escala. La sorpresa mayor es que al ver la ciudad desde arriba el panorama es completamente distinto....
Parece increíble ver una ciudad tan distinta, solo por el hecho de cambiar el ángulo de visión. Mirar las cosas desde más arriba hace una tremenda diferencia en como podemos ver y apreciar todo.
Parece que no es algo que solo pase con lo geográfico, sino con las cosas en la vida; en general, cuando vemos las cosas con "otro cristal", como se dice, podemos apreciar el paisaje con más claridad. Frente al agobio y la sensación de estrechez, muchas veces se hace necesario explorar nuevos lugares, quizás tomar algún desvío en tan rutinario viaje.
En fin, ya con una sensación de alivio, sintiendo el día (la vida) un poco más ligero, se puede ir más adelante con una visión más optimista de las cosas.
Ahora, tomar la escalera, bajar... bajar, tomar una calle inclinada por la derecha, seguir caminando.... seguir caminando...
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jueves, 12 de mayo de 2011
Recuerdos....

Una invitación a reunirme con algunos amigos, viejos amigos de la facultad de artes, en el lugar donde nos juntábamos tradicionalmente a almorzar o beber un café, me llevó a tener una experiencia sumamente sobrecogedora.
Una tarde gris, con el típico frío marino que abraza a Playa Ancha y una neblina, cual manto blanco, cubría el paisaje con nostalgia y nos transportaba a años pasados...
de alguna forma nos desplazamos en el tiempo al ritmo que afloraban los recuerdos.
Recordar las tardes de largas conversaciones sobre temas trascendentales y también lo cotidiano, también cuando nos reuníamos alrededor de un piano y cada cual aportaba con guitarras, percusiones, saxo y nuestras voces a una sonoridad espontánea y libre; por supuesto rememorar las personas que estuvieron con nosotros y tomaron otros rumbos y a otras que con afecto se les extraña y no se les ve hace tiempo.
Fue genial quedar realmente sorprendidos como el corazón puede guardar tantos momentos preciosos, y permitirnos disfrutar nuevamente de esas instancias. Esta claro que la experiencia es única, pero cuando es vivida en común con varias personas se puede volver a sentir las mismas sensaciones, recreando a través de la cálida charla los momentos gratamente vividos.
En fin, creo que de alguna forma comienzo a entender eso de que "todo tiempo pasado fue mejor", y que en la práctica no es más que la añoranza sobre el pasado, que incluso se puede idealizar, pero que al momento de revivir en conjunto con otras personas se tiene provecho y goce de la experiencia, lo cual le da mayor vigencia y autenticidad a los recuerdos.
Amigos y amigas... últimamente... ¿Han dejado tiempo para ver a personas queridas que has dejado atrás en el tiempo?
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lunes, 4 de abril de 2011
ASOmbrO!!

parece cierto eso que dicen de la pérdida del asombro a medida que uno crece, esa duda innata que hay frente a todo cuando somos niños, al parecer se desvanece con los años, y se pierde como la niebla. Me pregunto las razones de esto, pero es algo que no se podría resolver del todo en estas breves líneas.
Cuando uno ya es grande (solo estoy señalando un crecimiento cronológico y/o biológico, en ningún caso me refiero a madurez), las capacidades creativas escasean, en cierta forma no encontramos las palabras más precisas para responder a algún requerimiento o situación. Saber que decir, que comunicar se hace una dificultad a diario (pensemos solo en el caso de palabras que se usan como adjetivo, sustantivo, sujeto e incluso verbo [Wn], todo por escases de dominio lingüístico). Además la falta de asertividad en el día a día, que es algo aún más escaso (aún me cuesta decir en pocas palabras algo simple, ya se habrán dado cuenta, no?).
Volviendo a lo del asombro, lo que quiero decir es que hay muchos que se quejan de la indiferencia frente a las cosas terribles o no comunes, sobretodo esta carga la plantean sobre la juventud. Pero la raíz de esto tiene que ver con perder el asombro, con no contemplar las cosas en su belleza o crudeza, en no asignar valor a las cosas que son especiales, que no son ordinarias ni de la rutina. Se ha perdido la conciencia sobre las cosas (el poder darse cuenta!).
En parte, a nivel de progreso histórico, la misma humanidad, debe ser la especie viviente que mayor indiferencia tiene con las demás personas y con las demás formas de vida (¡Y eso que algunos plantean que hemos evolucionado!). Y por otro lado, eso hace notar aún más cuando alguien manifiesta habilidades en el campo de lo creativo y realmente significativo. Las personas que trascienden marcan diferencias en comparación al resto.
La gente que destaca por sobre el resto, puede que se les deba considerar portadores de este precioso bien que es la capacidad de experimentar asombro.
Ahora, sobre mi y sobre ti...
¿Qué cosas te sorprenden? ¿Nada?
Entonces es tiempo de hacerse preguntas...
¿Cuándo fue la última vez que viste el cielo estrellado o te conmoviste con la risa de un niño?
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jueves, 31 de marzo de 2011
EL Viaje

Viajes largos, viajes cortos, viajes urgentes, viajes de turismo y placer, los hay de todos tipos. Si queremos pensarlo, cada viaje tiene su gracia, sus imprevistos, incluso si se va en dirección a algún lugar, a veces ocurre que pasan cosas que nos obligan a cambiar el destino, o incluso a devolverse.
Pero para no seguir mareando, pasemos a otra cosa.
Ayer me vi enfrentado a una experiencia nueva, a "un VIAJE", a una rápida pasada por la vida, distintas escenas que me dejaron ver lo crudo que puede ser la convivencia, el día a día, de como al crecer puede que muchos sueños se destruyan, sean truncados por un embarazo, por la violencia, por el estar sujeto a distintas adicciones, por la rutina, o simplemente por terminar viviendo a expensas de personas a las cuales les resultas una carga. Pero hay un viaje que es ineludible: la vida misma. Sí, la vida misma nos hace pasar diversas etapas que nos confrontan con nuestras carencias y como muchas veces no comprendemos a los demás que comparten nuestro espacio a diario.
Una duda que me surge es ¿por qué un viaje? ¿por qué atreverse?
Si lo pensamos bien, viajar es tentador, nos permite conocer nuevos parajes, incluso durante el viaje podemos ver sitios nuevos, sean iguales o tan distintos a nuestro lugar de origen (me acorde de la repetición de las vacas y el verde pasto camino al sur en tren o bus, comentario aparte). Una vez paseando por el nuevo lugar puedes traer trozos de esos lugares, casi toda la gente trae algún recuerdo o souvenirs, como dirían algunos.
Lo valioso de el Viaje es que te permite desplazarte a nuevos sonidos, colores, climas, ambientes, y una serie de cosas que por muy crudas que parezcan, pueden transformar la experiencia en algo inolvidable para el resto de la vida.
Por otra parte, El Viaje demanda que salgas de tu comodidad que tienes en casa y te movilices, desligarte del calor del hogar para poder compartir algo de ese calor que llevamos a los demás que mueren de frío y ayudarles a que generen calor de hogar y acojan a otros.
En fin, la vida nos deja en una disyuntiva: o seguir mirando cómodamente del balcón, o ir al camino y avanzar, en busca de nuevos lugares, de nueva gente que pueda enriquecer nuestra travesía y que de igual forma podamos asistirles en el trayecto que ellos transitan.
Israel
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